martes, 29 de noviembre de 2016

Armonía y contraste cromáticos

Elegir el color dominante de una composición siempre debe de ser una cuestión meditada y orientada a un fin concreto, pues los colores son los elementos más expresivos del lenguaje plástico y significan por sí mismos.

Así pues, cada color tiene una carga psicológica determinada por el contexto personal del observador, pero que aparentemente funciona de forma similar en individuos de culturas similares.

Decimos que existe armonía en el color de una composición cuando existe un color principal, el denominado dominante, y otros colores que guardan parecido con el mismo. Por ejemplo el rojo como dominante tendría de compañeros colores como el amarillo y el naranja. Si empleamos el color contrario , lo denominamos color tónico o complementario, con el cual se produce la situación de máximo contraste cromático. Los tonos comprendidos entre el dominante y su complementario relajan la tensión y se denominan mediadores o colores de mediación.

Por ejemplo, una sala puede ser de dominantes azules y la nota de contraste venir de cortinas o alfombras amarillas. Colores de mediación podrían ser el violeta o el verde, por ejemplo.

Dicho esto, hay que saber qué uso y en qué momento emplear dichas combinaciones. La convención dice que los contrastes provocan movimiento, sensaciones rítmicas, y el hecho de que el elemento discordante llamará mucho la atención. Por el contrario la armonía es tranquilidad y un fluir de elementos de forma suave e integrada, donde nada destaca sobre lo demás.
Teniendo en cuenta que cada color tiene una carga psicológica, emocional y simbólica, las posibilidades son casi infinitas.

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